el árbol de siempre – III

Parte III

Parecía que el árbol se reía de ella desde su lugar en el jardín. Bueno, eso ya no era un jardín. Era un pedazo de tierra lleno de monte. Las flores se habían rebelado y vuelto salvajes después de años de ser obligadas a ser todas del mismo alto y estar en filas rectas. Las mariposas se habían largado. Eso ya no era un jardín. Excepto por el inmaculado y sarcástico árbol que seguía igual que siempre. Solo cambiaba de color. Hacia ya tantos años desde la última vez que había venido. Bueno, 5 años no eran tantos pero se sentía como 10 siglos. Entonces era otoño y su padre había enfermado. Ella había venido a llevárselo, a recluirlo en una clínica en contra de la voluntad de él, de la tía, de todos. Es que era lógico, se excusaba a si misma. Era imposible que siguiera en esa casa. Se iba a morir así. Resultó al revés la cuestión. Dos meses en la clínica y murió. Era imposible que se curara de cualquier modo, se excusaba a si misma cuando las dudas la aparecían sigilosas cada noche. Todo era culpa de su madre la verdad. Culpa de ella era que estuviera ahora aquí parada jugando con las llaves sin animarse a empezar. Las llaves tenían ese olor a metal que la hacia recordar ese jarabe asqueroso que tenía que tomar cuando era pequeña. Era un suplemento de hierro porque estaba medio anémica. Medio anémica, medio esmirriada, medio muda. Así era. Y todo era culpa de su madre.

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el arbol de siempre – II

Parte II 

El árbol se mecía. Desde la ventana del segundo piso se miraba más grande que nunca. Venir a desempolvar y desenmarañar cachivaches no era su opción favorita para el fin de semana. Voy sola, no te preocupes, no es gran cosa. Así había evadido la compañía de su novio. No era necesario explicar los fantasmas que habitaban bajo ese árbol. Esos eran suyos, tenía la exclusividad de su tormento. Se había vuelto ella la única opción. No había nadie más que viniera a rescatar o destruir esa casa. Su única prima, tan lejana y subida de aires, vivía en Londres y nunca habría venido. Era ella la de la obligación tácita de subirse al avión desde Madrid y lanzarse para este lado del mar de nuevo. El viaje fue largo, tedioso, eterno. Las conexiones, los aeropuertos, la gente como hormigas que corren en todas direcciones sin fijarse en donde están, solo a donde van. Todo eso había resultado en esa mueca de fastidio que ahora tenía. Le fastidiaba lo verde del árbol, lo viejo del suelo, lo nuevo de las cerraduras y el juego de llaves que le había dado el ayudante antes de irse. Cambiamos las llaves le dijo antes de irse. Ya sabe, por si acaso. Por si acaso que? Se preguntaba ella. Quien querría robarse cualquiera de las cosas que había en esta casa?

el arbol de siempre.

Parte I

Solo cambiaba de color. La última vez que estuvo aquí era rojo. Ahora era verde. Se respiraba la primavera, así decían los poemas. Como se respira la primavera? Eso se preguntaba ella. Lo que respiraba aquí era  tensión y olvido. Regresar era siempre la última opción y ahora se había vuelto la única. El árbol la miraba amenazante. Hasta el brillo de la grama se veía amenazante. Sentía la hostilidad de este lugar, de esta casa hacia ella. Te fuiste, le decían. Te fuiste sin intención de regresar, le reclamaban. Y ahora se reían, ahora que la veían regresar con la cabeza baja, a intentar salvar lo último posible. Estaba en su oficina cuando le avisaron. Al principio parecía imposible que la tía hubiera muerto. Ese correo tan impersonal enviado por el ayudante fue leído 23 veces exactas hasta que la información caló. Finalmente estaba muerta. No era que la odiara, pero la mujer se había dedicado a hacerle la vida imposible. Durante los últimos 15 años. Al final de todo, recordamos el principio, recordamos instantes y se olvidan otros. Se recuerdan las emociones fuertes, las primeras veces, las últimas, pero las del medio se olvidan. No era este el caso. Su memoria cuasi fotográfica, ahora tan útil para el periodismo, había sido un tormento. Recordar cuando su madre se fue, en presencia pero no en espíritu. Recordar cuando su padre se fue, en espíritu y no en presencia. Y la tía como siempre, tan obstinada, tan omnipresente como el árbol y siempre haciéndole la vida imposible.

sin flores.

Bienvenida y bienvenido.

Este es el intento de hacer algo para sobrevivir con color en este rincon del mundo. O talvez sin colores ni flores pero si con ideas.

Las ideas salen de mi cabeza de investigadora, internacionalista, reportera, feminista…pero estás no serán de política ni de nada parecido. Aunque no puedo prometer que nunca sea mencionado el tema. A eso me dedico, después de todo.

Lo que si puedo prometer son historias. Historias que nunca han visto la luz del día ni la oscuridad de la noche. Historias producto de gente, lugares y momentos vividos y por vivir. El 97% será ficción, el 2% será basado en la realidad y el 1% en lo imposible.

Espero que sean historias para contarse con café, con té, con agua de sueños, una pizca de ironía y dos poquitos de sentimentalismo.

Así que aqui vamos. Comentarios y críticas…pasen adelante!