Alfonso.

Alfonso ya se va a morir. Está grave. De verdad, te lo digo yo, ya se muere. Vení a visitarlo, por caridad aunque sea.

Y vamos a visitarlo. Me quedo afuera, espero, alguien más lo visita. No me gusta visitar a gente enferma, menos en su lecho de muerte. Resulta que si, Alfonso ya se va a morir. Me asomo a la puerta y se le mira terriblemente mal. Ojalá yo nunca esté así. Ojalá me caiga un piano de un séptimo piso y no sienta nada y me muera de un solo.

Dos meses después.

Alfonso ya se va a morir, ahora si. Te juro que está peor que nunca. Vení a verlo.

Vamos de nuevo. Resulta que si, Alfonso está aún peor que hace unos meses.  Que terrible. No sé que enfermedad lo aqueja, pero ojalá se muera pronto, así deja de sufrir. Platico con el durante dos minutos, máximo. Apenas puede hablar.

Cuatro meses después.

Alfonso ya se va a morir. Es un milagro que siga vivo, en serio. Pero estos si son sus últimos días. Vení a verlo.

Ahí está Alfonso, todavía en su “lecho de muerte”. Ya lleva casi un año muriéndose. Llego por deber, porque siento que puedo escuchar la voz de mi abuela diciendo que visitar al enfermo es un acto de la más pura caridad. Hablamos. No sé si soy yo, pero me parece que hasta habla mejor que antes. Me despido, por tercera vez. Será que la tercera es la vencida?

Dos meses más.

Alfonso ya se va a morir. Ya no fui a verlo. Tenía compromisos de trabajo y nada, la última vez lo había visto tan bien que ni me siento culpable.

Una semana después.

Me llaman. Alfonso ya se va a morir.

Digo que no iré. Sos una ingrata. Pobre Alfonso, si lo duro que ha sido para el aceptar que se le va la vida y vos ni te dignas a visitarlo un par de minutos.

Otra semana.

Me llaman.

Alfonso se curó milagrosamente. Casi que hay fiesta en el pueblo.

Entonces sí, voy a visitarlo. Se le ve desconcertado. Ya se había hecho a la idea que se iba a morir. Ahora no sabe que hacer. A su alrededor, todos tienen la misma cara. Creo que todos tenían ya pensado que se iban a poner para el funeral. Ya todos estaban resignados.

Tres días más.

Me llaman.

Alfonso se suicidó. 

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intergaláctico

tomarte la mano

es sentir 

lo infinito 

lo emocionante

las galaxias

en la

punta de mis dedos. 

tomarte la mano 

es saber

que lo 

desconocido 

puede ser 

terrible

pero no 

ganará.